Manifiesto

MANIFIESTO DE LA COMISIÓN K17

¡Salud Camaradas!

Este año los comunistas y las comunistas celebramos el centenario de la Gran Revolución Proletaria Socialista de Octubre de 1917. La Revolución de Octubre de 1917 es el mayor acontecimiento histórico del siglo XX para el proletariado de todas las naciones del mundo, pues fue la demostración efectiva de que otro mundo es posible, frente a la realidad opresora, explotadora y criminal del capitalismo. No hay más alternativa al capitalismo que el comunismo y su primera fase de su construcción el socialismo, ni en 1917, ni en el presente.

En EuskalHerria, Un grupo de comunistas hemos decidido constituir una Comisión para desarrollar diferentes actividades y eventos, en torno al Centenario de la Revolución de Octubre de 1917. Una Comisión que aspira a lograr el mayor número de adhesiones y dar forma a una dinámica unitaria en torno al proceso revolucionario de 1917, sus consecuencias y la situación en la que el Movimiento Comunista en EuskalHerria principalmente, se haya en 2017.

Los enemigos declarados del comunismo, temen y odian por igual el significado de 1917. No será raro encontrar a lo largo de este año, su propia conmemoración del Centenario, mostrando su fracaso histórico y las recurrentes falsedades con las que llevan décadas envenenando y desvirtuando al comunismo y al marxismo revolucionario. De igual forma, tendremos a las izquierdas post-modernas, sea en Euskal Herria o en otros países, tratando de falsificar y relativizar la centralidad de Octubre de 1917 y su legado. Estas “izquierdas” transversales, “buenrollistas” y erigidas en supuestas alternativas de cambio, son las que de manera más eficaz, debido a sus conexiones políticas e ideológicas con los sectores populares, desempeñan una función esencial para negar cualquier alternativa al capitalismo, al mantener un desprecio típicamente pequeño-burgués por la clase obrera.

La Revolución de 1917 es una Revolución que debe escribirse en mayúscula. En unos tiempos donde la palabra “revolución” se utiliza y se reutiliza con tal asiduidad, debemos poner en valor la importancia que una Revolución como esta tuvo, y el aldabonazo que supuso. Debido a que en la actualidad se usa la palabra “revolución” para anunciar un nuevo tipo de tapón, una discoteca, una táctica de fútbol o en el terreno de la política “comprometida”, un nuevo “hábito de consumo”, hacer una performance o a la política de las sonrisas; la importancia y la influencia que tuvo aquella Revolución, una Revolución verdadera se nos presenta difuminada.

La Revolución de 1917 no fue una “micro-revolución” sectorial de esas que tan de moda se ha puesto, consistente en un mero “cambio en la cotidianeidad”, sino que fue una Revolución que constituyo por primera vez (de modo continuo y estable) un Estado Socialista. Se quiera o no se quiera, 1917 fue y es una referencia necesaria para los movimientos de emancipación de los siglos XX y XXI; tanto como modelo, como inspiración, así como anti-modelo para los que pretendían “superar sus errores”. En los siglos XX y XXI no ha habido ningún movimiento emancipatorio que no haya bebido en mayor o menor medida de 1917. Junto a esto no podemos olvidar que la construccion del Estado Socialista iniciada tras la Revolucion de 1917 pondria las bases de la derrota del nazi-fascismo en la II Guerra Mundial. Teniendo en cuenta la enorme aportacion que para la dignidad de la Humanidad supuso la victoria del pueblo sovietico podemos decir que aquel proceso socialista iniciado en 1917 es el acontecimiento más importante de la Historia.

Por ello, es responsabilidad nuestra y sólo nuestra, de los y las comunistas, tomar en consideración la trascendencia y el significado de este Centenario y, más allá de reflexiones historicistas y épica teñida de folclore, debemos responder: ¿Qué significó la Revolución de 1917? ¿Qué importancia tiene hoy en día? Es más ¿por qué es necesario celebrar hoy el centenario del 1917?

 

DE 2017 HACIA 1917: CENTRANDO CUESTIONES

Que el Movimiento Comunista se encuentra en una situación de debilidad política, ideológica y organizativa en Euskal Herria es una evidencia. Con la crisis que estallara en el año 2008, las clases dominantes tratan de recuperar el volumen de las tasas de ganancia, de la única manera que en esta época de declive del capitalismo es posible: aumentando la explotación, la opresión y el saqueo imperialista. Hasta la fecha, les ha sido sencillo acometer este objetivo debido a la debilidad del Movimiento Comunista. Llevamos ya prácticamente una década, de recortes de derechos sociales y laborales, empobrecimiento de la clase trabajadora y de los sectores populares, desempleo y precarización y políticas en las que el saneamiento del sector bancario, ha generado un endeudamiento con las instituciones financieras internacionales, que imposibilitan la propia viabilidad de los Estados de Bienestar. Desahucios, leyes mordaza, trabajadores y trabajadoras con salarios por debajo de los umbrales de pobreza, repunte del autoritarismo y del fascismo, gueras imperialistas… y la clase trabajadora y los sectores populares, en una situación de postración, desmovilización y fragmentación, al no tener una alternativa real, eficaz y necesariamente revolucionaria en el horizonte.

En 2017, casi una década después de la crisis, la valoración que debemos realizar, es que ya no estamos inmersos, ni en una “crisis”, ni en una fase de depresión económica, sino en la instauración de un nuevo modelo de valorización del capital en el seno del marco imperialista europeo y que el Estado de bienestar ha muerto. El desempleo, la precariedad y la depauperización relativa y absoluta de los pueblos trabajadores, no es ya una anomalía, sino la norma de un nuevo modelo, en el que ni siquiera las “bienintencionadas izquierdas” de orientación socialdemócrata, pueden dotar al capitalismo de cualquier rasgo progresista.

Tras la II Guerra Mundial, en algunos países se establecieron democracias burguesas “avanzadas” (gracias a las superganancias obtenidas a costa de los pueblos trabajadores de las naciones oprimidas de Asia África y América Latina). Sin embargo, los ciudadanos de estas democracias esclavistas modernas están perdiendo los derechos y libertades que tuvieron. Es más, los derechos y libertades formales ganatizados por los Estados burgués-liberales de Derecho también se están reduciendo.

La ruptura revolucionaria, es decir, la construcción de las condiciones políticas e ideológicas, organizativas y socialmente movilizadoras, para generar una superación del actual marco de capitalismo criminal, explotador y opresivo, se convierte en la única alternativa al actual callejón sin salida al que nos ha conducido el capitalismo. Una revolución, cualquier revolución que quiera ser duradera, es simplemente la destrucción de un aparato de Estado y su sustitución por otro. No es sólo el derrocamiento del sector que dirige el aparato de Estado. Si los oprimidos no sustituyen el vacío de poder resultante del derrocamiento del poder anterior con su propio poder, entonces los opresores reconstruirán su poder. Eso lo entendieron a la perfección los bolcheviques: para hacer la Revolución fue necesario entender que las asambleas de trabajadores, los soviets, como embrión del poder del proletariado y convertirlos en órganos de poder, sustituyendo a las instituciones de la burguesía. Órganos de poder, no de “participación” o de “reflexión”. Esto es, sustituyeron la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado (puesto que entendieron la verdad universal de que cualquier Estado es la dictadura de una clase).

El poder fue conquistado por órganos creados por trabajadores, por asambleas que representaban a obreros, campesinos y soldados. Por tanto fue la materialización total de la lucha obrera, esto es, 1917 demostró que la lucha de clases puede conducir a la victoria del proletariado (y no a su perpetuación como clase subordinada, limitada a “mejorar” esta situación). Eso es lo que garantizó la conversión de los órganos representativos de los trabajadores en órganos de poder proletario.

Y de ahí nuestra reivindicación, como comunistas, de 1917 como referente ineludible de ruptura revolucionaria y construcción de una nueva sociedad, en la que la emancipación socialista, necesariamente implica el aplastamiento de las clases dominantes y construir un Nuevo Poder basado en el poder obrero.

 

OCTUBRE DE 1917: LA PRUEBA DE QUE “OTRO MUNDO ERA POSIBLE”

La resolución de los problemas que la clase trabajadora y los sectores populares viven de manera cotidiana -desempleo, empobrecimiento, precarización, explotación, opresión, patriarcado…- requiere de una toma de conciencia de dichas problemáticas, algo relativamente sencillo como primer paso. Lo complicado, es asumir las consecuencias de una verdadera resolución de dichos problemas, con una alternativa al sistema capitalista que las genera, eliminando las falsas esperanzas de reformas, mejoras y “migajas” que ofrecen las “izquierdas reformistas”. En 2017, como en 1917, la emancipación no es un camino fácil; la respuesta del imperialismo y de las clases dominantes rusas en 1917, con una intervención militar extranjera y una guerra civil devastadora con el objetivo de aplastar al poder soviético, demuestra la bestialidad con la que es respondido cualquier intento de construir un sociedad plenamente basada en la democracia de los trabajadores. De igual forma, en nuestro contexto, la alternativa al actual régimen de opresión y explotación capitalista, implica necesariamente una ruptura con el marco imperialista de la Unión Europea, el euro y la hegemonía de la denominada “Troika”, lo que conlleva riesgos e incertidumbres que debemos ser capaces de gestionar, clarificar y resolver los y las comunistas.

Octubre de 1917, es una lección histórica sobre la capacidad del Movimiento Comunista para erigirse en la punta de lanza de la transformación social y, mediante una táctica y una estrategia adecuadas, configurar un bloque social revolucionario, en el que la clase obrera constituye el vector más consciente, organizado y consecuente de la instauración de un nuevo poder, con capacidad de instaurar un nuevo sistema económico, político e ideológico-cultural.

Esto ocurrió de esta manera porque el propio proletariado tuvo capacidad para defender su poder, utilizarlo en su beneficio, para cambiar la forma de producción y desarrollar las fuerzas productivas para aumentar el nivel de producción en una magnitud sin precedentes.

Esto es construir el Socialismo, sin renunciar al poder revolucionario, utilizarlo como instrumento para la lucha de clases y la liberación de la clase obrera. La lucha de clases no acaba con el derrocamiento de la burguesía, que hace todos lo posible para recuperar el poder. Cuando se deja de usar el poder contra la burguesía, se abre el camino para que ésta restaure su poder de clase, algo que ocurrió también en las experiencias socialistas que fracasaron. El poder no es un “espacio vacío”, lo detenta una u otra clase. Por eso para la construcción del socialismo es necesaria la dictadura del proletariado.

Debido a ello, los revolucionarios del 1917 tenían bien claro que el poder es un instrumento necesario; esto es, que todo poder tiene un sujeto y un objeto, y que el proletariado, como cualquier otro sujeto revolucionario, necesita el poder para construir su Estado. La “nueva izquierda” actual no tiene claro esto, y basa su política en la condena del poder y de la conquista del poder; sin entender que el poder es un instrumento, como si fuese un obstáculo para una lucha moral que abandera. Si los revolucionarios rusos hubiesen actuado como la “nueva izquierda” actual, la revolución hubiese quedado en la fase de “derrocamiento” y nunca hubiesen construido el socialismo; o peor, los soviets de los trabajadores jamás se hubiesen constituido en órganos de poder.

Desde luego, lo que está claro, es que no serán las post-modernas y mediáticas “izquierdas” las que puedan conducirnos a la clase trabajadora y a los sectores populares, a una emancipación, que necesariamente pasa por la ruptura con el marco imperialista de la Unión Europea.

 

OCTUBRE DE 1917: SUS CONSECUENCIAS

Octubre de 1917, como hito que marca, en realidad, el inicio de un siglo XX tardío y que fenece prematuramente en 1991, marcó un contexto histórico en el que la alternativa a la barbarie capitalista, tenía bases reales. Porque más allá de los errores que pudieran cometerse en el proceso de consolidación de la URSS y su condición de primer Estado socialista de la historia, lo cierto es que sus aciertos fueron tales, que incluso el propio capitalismo tuvo que reconstruirse en función de Octubre de 1917. La Revolución Socialista de Octubre partió el mundo en dos, entre partidarios y contrarios de la Revolución, entre los oprimidos que lo veían como su mayor esperanza y los opresores que lo veían como un peligro que pondría patas arriba la civilización. El propio “Estado de Bienestar”, con las mejoras que en términos de derechos laborales y sociales y de libertades democráticas, supuso para las sociedades capitalistas centrales -nunca olvidemos que existían Formaciones Económico-Sociales subdesarrolladas capitalistas que nunca conocieron esa realidad-, hubiera sido impensable sin la existencia del legado de Octubre.

La URSS, de las cenizas de la Guerra Civil, sometida a un cerco político, económico e ideológico, con una economía predominantemente precapitalista, fue capaz de conducir un proceso acelerado de industrialización en menos de 25 años, demostrando la eficacia de la planificación racional de la economía. El proceso de modernización económica, fue acompañado de una legislación que, en términos de derechos sociales y laborales y de emancipación de la mujer bajo el socialismo, superó con creces los existentes en los estados capitalistas más avanzados. De un país mayoritariamente analfabeto, en el que la cultura era patrimonio exclusivo de las clases dominantes, se alcanzó una democratización de la educación y se generaron las bases para un desarrollo técnico-tecnológico y científico, al servicio del desarrollo del socialismo.

Entre las primeras decisiones tomadas por la Revolución, está la publicación y el repudio de los pactos imperialistas-expansionistas firmados por los anteriores Gobiernos rusos (tanto zaristas como liberales) con otros Estados a costa de terceros Estados. Así pues, denunciaron intereses imperialistas concretos (de Rusia, como de los aliados en la I Guerra Mundial: Francia e Inglaterra) y establecieron un nuevo modo concreto de política exterior.

Además de eso, la Revolución Soviética supuso la liberación de las naciones oprimidas por el Imperio Ruso y el reconocimiento de la plena igualdad de derechos entre todas ellasrealizó el desarrollo cultural de dichas naciones, oficializó sus idiomas y las hizo Repúblicas viables; y siguiendo ese ejemplo, los Partidos Comunistas de otros Estados hicieron suyo la defensa de la autodeterminación. Además de ellos, la III Internacional estableció desde su fundación, que la liberación de las colonias de las potencias europeas y de EEUU era su objetivo político.

Eran muchos los reformistas que opinaban que en Rusia era imposible hacer ninguna revolución socialista, ya que como Rusia era “un país atrasado”, no presentaba las “condiciones objetivas”. Lenin y los bolcheviques dieron la vuelta a ese planteamiento, sobre todo teniendo en cuenta dos condiciones: el desarrollo del movimiento revolucionario ruso en dicho momento, y el análisis concreto. Teniendo en cuenta la situación de Rusia, contra los dogmáticos que afirmaban que “la revolución se dará en un país económicamente avanzado”, aplicaron el análisis que afirmaba que “Rusia es el eslabón débil de la cadena del imperialismo” e hicieron la revolución ahí, demostrando que las “condiciones” no se crean solas, sino que hay que generarlas, mediante la lucha política e ideológica.

 

OCTUBRE DE 1917: SU UNIVERSALIDAD

Octubre de 1917, indudablemente mantiene unas características “rusas”, ligadas al desarrollo de la lucha de clases en su contexto. Sin embargo, lo “peculiar”, lo concreto, no puede abstraerse de un elemento central que daría forma a cualquier proceso revolucionario posterior, que es el de la imperativa necesidad de aplastar el régimen político pre-existente, y de erigir un nuevo poder basado en el poder armado de las masas oprimidas. La experiencia de la Revolución de Octubre es de una importancia extraordinaria y sus enseñanzas habrán de ser tenidas en cuenta en cualquier futura revolución, que deberá extraer lecciones de la misma

No hay alternativa de emancipación dentro del marco capitalista, no hay alternativa socialista sin que el proletariado lidere la ruptura revolucionaria. Otra cuestión será la dinámica concreta de lucha de clases, las alianzas necesarias o el modelo de socialismo concreto en el que pueda desembocar la revolución. ¿Por qué tantos movimientos de tantos países tomaron como referencia la Revolución de 1917 y no cualquier otra revolución? Si bien en 1917 operaron particularidades locales (que no se repiten en otros lugares), su base es universal: porque es resultado de la lucha de clases (y la lucha de clases es una realidad universal), porque derrocó a la burguesía (una necesidad universal), y porque frente a las excusas reformismo demostró que es posible construir un poder obrero y acometer una transformación social bajo la dirección del proletariado, frente a la dictadura criminal de la burguesía (una verdad universal de la política).

Una ruptura revolucionaria, asume un carácter necesariamente holístico, global. Precisamente el concepto clave es el de -ruptura-, en el que todos los ámbitos de la lucha de clases, se convierten en frentes de guerra política e ideológica contra el poder de las clases dominantes.

Desde EuskalHerria, afirmamos la vigencia del socialismo como única alternativa de emancipación y superación del capitalismo, con el internacionalismo proletario como bandera de unidad entre las naciones, y con el marxismo revolucionario como guía. En realidad Socialismo solo hay uno, siempre adaptado a cada realidad concreta. Y en él son indispensables, el poder de la clase trabajadora y la socialización de los medios de producción. Octubre de 1917, como experiencia de un poder obrero constituido, con capacidad de impulsar un programa de transformación revolucionaria, sigue vigente cien años después, como vía universal de emancipación.

 

OCTUBRE DE 1917: SUS LECCIONES COMPRENDEN SU ACIERTOS Y SUS ERRORES

Octubre de 1917 ni su legado están exentos de errores. Pensar lo contrario, implicaría asignar a los bolcheviques cualidades sobrehumanas que, ni ellos mismos hubieran aceptado. La lucha de clases, persistió tras la revolución. La degeneración burocrática, el agostamiento político, económico e ideológico es producto de una recomposición de fuerzas reaccionarias internas, que comenzarían a erosionar las bases del poder socialista hasta el colapso final de finales de los 80 y principios de los 90 del pasado siglo. Son elementos que el Movimiento Comunista actual debe tener en cuenta en su proceso de reconstrucción, por supuesto.

 

RECUPEREMOS 1917

Los trabajadores y las trabajadoras, no podemos consentir que algo que significa tanto para nosotros sea despreciado de ese modo por enemigos o “aliados”. Aquí hemos explicado que la Revolución de 1917 es un fenómeno que tuvo una importancia total para la clase obrera; la mayor victoria de la clase obrera. Se demostró que el fantasma que recorría Europa era verdadero.

Algunos arguyen que la derrota de la mayoría de los Estados Socialistas demuestra que 1917 fue un error. Así pretenden derrotar políticamente a la clase obrera o sustituirla mediante “nuevos sujetos”. Cuando se va a celebrar el centenario de la Revolución de 1917, los obreros y las obreras de Euskal Herria no podemos dejar que esta fecha pase sin trascendencia, o que se hagan celebraciones interesadas o manipuladas que traten de relegarnos. Consentir esto sería admitir la derrota política de la clase obrera, sería abandonar el patrimonio propio. Entendiéndolo así, K17, comisión de trabajo plural y abierta, surge con un único cometido: RECUPERAR 1917.