Petrogrado bajo control revolucionario

Petrogrado bajo control revolucionario

Announcement Date: 27th febrero 1917

El 27 de febrero aumentaron las protestas en Petrogrado, y al final del día, Petrogrado se encontraba, casi en su totalidad, en manos de las fuerzas revolucionarias, excepto la Fortaleza de Pedro y Pablo (que funcionaba como cárcel), el Palacio de Invierno, la sede del Estado Mayor y la sede del Almirantazgo. Como dijo el gobernador civil Aleksandr Balk, “para el día 27 habíamos perdido todo el poder en Petrogrado”, o en palabras de Richard Pipes: “éste fue el día de la revolución de febrero”.

Para aquel día, muchos soldados se habían pasado al bando de los revolucionarios (se habían revelado los regimientos Pavlovski, Volinski, Moscú, Preobrazhenski y Lituania), por lo que, sintiéndose “dueños del pensamiento militar”, más que a protestar, salieron a ocupar la ciudad. Primero ocuparon puntos estratégicos (algunos soldados ya habían establecido controles en los puentes el día anterior). Según Pipes, “de los 160.000 soldados que había entonces en Petrogrado, cerca de la mitad tomó parte en la revuelta, mientras que la otra mitad veía la protesta con “neutralidad””. Primero ocuparon las fábricas de armas y las armerías, después las estaciones de tren, y luego el centro telefónico y el cuartel de Artillería. También cambió el perfil de las masas, y muchos civiles (aparte de huelguistas y soldados) participaron por primera vez en las movilizaciones, aunque no fuera en primera línea (de un modo festivo, como actores de un espectáculo).

Por otro lado, en las calles la policía disparaba contra las masas con francotiradores en edificios, produciendo múltiples víctimas. Esto enfureció a las masas: apaleaban a cualquiera que llevase un uniforme de la policía (muchos policías tuvieron que disfrazarse para salir de la ciudad), asaltaron comisarías y la sede principal de la calle Kronverski (Viktor Shklovski dirigió a algunos trabajadores contra la policía).

A la tarde-noche asaltaron el Palacio de Justicia y las cárceles, liberando a todos los presos e incendiando los edificios usados como cárceles. Aún y todo, fue al día siguiente cuando liberaron a los presos de las cárceles más simbólicas, los fuertes de San Petri y San Paulo, liberando a 8.000 presos tanto políticos como sociales.

En las manifestaciones del 27 de febrero, de acuerdo al historiador Orlando Figes, la violencia fue mayor que el resto de los días, no sólo contra la policía o en el contexto de la manifestación, sino también contra la gente que no participaba en las protestas, contra las personas que parecían ser ricas, contra las tiendas, etc. Las fuerzas revolucionarias confiscaron casi todos los automóviles de Petrogrado para usarlos en las manifestaciones (según Figes, con bastante malos resultados, ya que la mayoría de ellos no sabía conducir). En palabras de Figes, “que la Revolución de Febrero fuese una revolución no violenta es un mito liberal (…) en la Revolución de Octubre murió mucha menos gente”. De acuerdo con sus declaraciones, la liberación de los presos fue el detonante de la escalada de violencia. Por otra parte, hay que relativizar estas declaraciones, ya que probablemente las zonas donde hubo más violencia fueron Kronstadt y Helsingfors (hoy Helsinki), donde en lugar de los presos, los protagonistas de la violencia fueron los marineros.

Aunque no comenzó aquel día, se hizo evidente otro cambio en el carácter de las protestas: en lugar del tono pacifista y antibélico de los lemas usados al principio (especialmente en el Día Internacional de la Mujer), aparece un tono nacionalista explícito. Las masas enfocaron la violencia hacia los “alemanes”: tanto hacia los propiamente alemanes (sus tiendas, productos, etc.), como hacia los rusos de etnia alemana (muchos de ellos nobles) o los “supuestamente alemanes” (burgueses, ricos y “traidores”).  Por encima de todos ellos, la imagen del “alemán”, del “enemigo del pueblo”, era representada por la Zarina alemana Aleksandra Romanova, a quien las propias masas la acusaban a ella además de a muchos ministros (algunos de etnia alemana) de traicionar el ejército ruso. Si los primeros días de la Revolución de Febrero se creía que “la autocracia quería llevar al pueblo ruso a la miseria mediante la maldita guerra”, el día 27 este pensamiento era muy diferente: “la autocracia había llevado al pueblo ruso a la miseria vendiendo el Ejército y el Estado ruso a los alemanes”. Fue muy expandido el pensamiento de que “ya hemos ganado a los alemanes en casa, ahora vamos a ganarles la guerra”. Como comentó el menchevique Nikolai Sujanov, quien se posicionó en contra de la guerra: “si aquel día alguien llevaba una pancarta contra la guerra, era expulsado de la manifestación. (Según Richard Pipes, los primeros lemas nacionalistas se escucharon a partir del día 25).

La mañana del 27 de febrero se crearon los poderes paralelos de la revolución: por un lado se crea el Comité Provisional de la Duma, y por otro lado el Soviet de Petrogrado. Al principio, los dos órganos desconfiaban, por razones diferentes, sobre tomar el poder; pero cuando la tarde del 27 dimitió el Gobierno zarista, propiciónla toma del poder por parte del Comité Provisional de la Duma. Entre las primeras órdenes del Comité de la Duma, estaba la orden de arresto de los ministros zaristas.

Aquel día, el Zar declinó por segunda vez la oferta de pactar un Gobierno con la Duma, aunque esta vez fueran personas de su círculo más cercano quienes se lo pidieron (entre ellos, el jefe del ejército Mijail Alekseyev o su hermano Mijail Romanov).  Decidió mandar tropas desde el frente a petición del Gobierno. Esas tropas tenían que partir bajo las órdenes del general Nikolai Ivanov, desde el frente hasta el pueblo Tsarskoye Selo (donde se encontraba la familia del Zar), para después ir hasta Petrogrado. Ivanov tenía la orden de sustituir a Jabalov en Petrograd y restaurar todo el poder, aunque en las comunicaciones entre ambos, quedó claro que era imposible. Cuando Ivanov contactó con Jabalov, éste le respondió que “toda la ciudad se encuentra en manos de las fuerzas revolucionarias (…) nosotros ya no tenemos ninguna tropa aquí”. Por otra parte, el propio Zar tomó la decisión de ir él mismo desde el frente a Tsarskoye Selo y después a Petrogrado.

(En la imagen la cárcel Litovski, después de haber sido liberada por los revolucionarios el 27 de febrero)