Ofensiva Kerenski

Ofensiva Kerenski

Announcement Date: 16th junio 1917

en junio, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, el Gobierno Provisional intentó romper el frente alemán como consecuencia de una ofensiva. El ideólogo principal de dicha ofesiva fu Kerenski, Ministro para la Guerra, y por eso fue conocida como “Ofensiva de Kerenski”.

Las principales intenciones de la ofensiva fueron políticas, esto es, consolidar tanto la política del Gobierno de coalición, que era partidario de continuar la guerra, como, sobre todo, el “defensismo democrático” (política de eseristas y mencheviques que postulaba la legitimidad de la guerra al ya ser Rusia “democrática”). Según uno de los argumentos esgrimidos por eseristas y mencheviques, los soldados ruso, al defender ya la democracia, mantenían otra impetú que se debería corroborar mediante esa ofensiva, como si el ejército democrático libre” y el ejército zarista fuesen diferentes. Así, una ofensiva de estas características, tendria otras consecuencias, ya que al aumentar el espiritu “patriótico” entre los rusos, se superaría la fragmentación política se expandiría la lealtad hacia el Gobierno. Sin embargo, hay que tener en cuenta la presión a la que, desde la “conferencia de los aliados” de noviembre de 1915 en adelante, las potencias imperialistas occidentales sometieron a Rusia para que llevase adelante una ofensiva (el ejército ruso retrasó la ofensiva por falta de preparación de la cual también adolecía en 1917). El Gobierno también emitió los “Créditos de la Libertad” para financiar esta ofensiva. El 15 de junio el Congreso de los Soviets apoyó la ofensiva y el 20 del mismo mes la ensalzó.

En Mayo, , en cuanto accedió al cargo de Ministro para la Guerra, nombró a Aleksei Brusilov como nuevo Jefe del ejército (general populista de apariencia “democrática”, próximo a los soldados, y favorable a las reformas militares que trajo la revolución de Febrero como por ejemplo los comités de soldados). Brusilov fue uno de las pocos altos generales que se posicionaron totalmente con la Revolución de Febreo, siendo a la vez partidario de llevar adelante una ofensiva. La orden para iniciar la ofensiva la dió Kerenski el 16 de junio, día en el que se dieron grandes bombardeos. El 18 de junio tropas de infanteria protagonizaron avances, sobre todo en Galitzia, en el frente sudoriental, al mando del general Kornilov, contra los austriacos. A pesar de que es cierto que se dieron pequeñas victorias y avances durante las primeras jornadas (logros que fueron tomados con gran entusiasmo por la prensa afín al Gobierno), más adelante, sobre todo a partir del 6 de julio, las fuerzas rusas tuvieron que retroceder. En 10 díaz se perdieron 60.000 soldados. El fracaso de esta ofensiva encendió los ánimos de obreros y soldados y supuso una pérdida importante de apoyo para el Gobierno Provisional, induciendo además cambios el la composición política de los Soviets; por ejemplo, el 24 de junio, el soviet del barrio de Viborg criticó duramente la ofensiva.

A decir verdad, las tropas rusas no demostraron gran intención de combate. La mayoría, en aquellos momentos (sin autorización de las autoridades de los Soviets, pero con la legitimidad del “compromiso para el futuro”) prefieron tomar para en el reparto de la tierras de sus campos y muchos de ellos desertaron. El propio Brusilov confesaba en sus libros de memorias que en aquellos momentos a la hora de arengar a los soldados tenia que evitar palabras como “ofensiva” y “ataque” con el fin de evitar que los soldados que estaban en contra de seguir con la guerra le agrediesen fiscamente. Por ejemplo, las tropas de la ciudad de Halych (el XXXIII Cuerpo) llegaron, motu propio a un alto al fuego con los alemanes. En el XI ejército, en una sola noche 12.000 soldados abandonaron la guerra. En el V ejército del frente norte tuvieron procesar o cambiar de unidad de 23.000 soldados. Por otro lado, muchos generales no creían en la ofensiva y el nivel de organización del ejército ruso no era suficiente para una operación de semejante envergadura (según el general Anton Denikin, en un momento de la ofensiva al comandante de cada frente se le dejó decidir qué tipos de avances realizar en su frente)

La principal consecuencia del fracaso de la ofensiva fue la ira de los trabajadores que propició a su vez las Jornadas de Julio y la dimisión del primer ministro Georgi Lvov.

(En la foto: Tropas rusas al ataque durante la Ofensiva Kerenski).