La Revolución se expande por Rusia y se firma Orden Número 1

La Revolución se expande por Rusia y se firma Orden Número 1

Announcement Date: 28th febrero 1917

El 28 de febrero, la revolución de Petrogrado, aparte de apoderarse de los últimos reductos de la ciudad, también salpicó a otros lugares como Moscú o ciudades del Báltico.

A partir del este 28 de febrero se puede decir que el poder en Rusia era revolucionario (aunque todavía no existiera un poder único). Esto no quiere decir que ya el día 28 estuviese extendida en toda Rusia la conciencia de pertenecer a un nuevo régimen; de hecho, en algunas zonas rurales de las provincias más aisladas, no tuvieron noticias de la caída del zarismo hasta mediados de marzo o incluso abril. Pero es cierto que ya a partir del 28 de febrero, los funcionarios del Estado, poderes intermedios, autoridades locales, y en resumen, el aparato de Estado, comenzaron a honrar y subordinarse al nuevo régimen, prácticamente sin oponer resistencia.

En Petrogrado, como ya se ha comentado, los revolucionarios tomaron las últimas posiciones que se encontraban en manos del antiguo régimen. Sobre todo, fue significativa, por su simbolismo, la toma de las cárceles de la Fortaleza de Pedro y Pablo, apodado como “la Bastilla Rusa”. El menchevique Matvei Skobelev, representante del Soviet, y el representante de la Duma, el derechista Vasili Shulgin fueron a negociar entre las masas y las autoridades de la cárcel, pero las masas negaron su intercesión, liberando la cárcel por la fuerza. Aunque parezca curioso, en ese momento sólo había 19 presos políticos en aquella cárcel: los soldados del regimiento Pavlovski que se rebelaron y fueron arrestados el día 26. A parte de ello, los revolucionarios tomaron los pocos edificios que quedaban, por medio de sangrientas batallas: el Palacio de Invierno, la sede del Estado Mayor y la sede del Almirantazgo.

Aleksandr Bublikov fue nombrado responsable de la red ferroviaria, hecho que propició la expansión de la revolución. Bublikov ordenó inmediatamente poner el sistema ferroviario al servicio del nuevo régimen y restablecer así las comunicaciones. Bublikov, también ordenó informar de todos los movimientos de tropas hacia Petrogrado. En Moscú, las primeras protestas tuvieron lugar el día anterior, pero ya el viernes 28, la ciudad se encontraba completamente en manos de las fuerzas revolucionarias. En Moscú, la caída del régimen fue más rápida que en Petrogrado, bien por ser ya un faît accompli, bien por ser el régimen aún más odiado. En palabras de un testigo citado por Figes: “en Moscú nadie se atrevió a defender el antiguo régimen”; de la noche a la mañana, la policía al completo fue sustituida por milicias populares. Por otra parte, la revolución tuvo una gran importancia en las ciudades del Báltico: en Kronstadt, en Reval (hoy Tallin), en Viborg, en Riga y en Helsingfors (hoy Helsinki). El 28 de febrero, la revolución se extendió a Nizhni Novgorod, y a partir de allí, se extendió con relativa calma por el interior de Rusia. En los pueblos donde vivían naciones minoritarias (Kiev, Tbilisi), la caída de la monarquía se relacionó directamente con el “despertar de la nación”.

La revolución también contagió a los soldados que, junto con el general Nikolai Ivanov, se dirigían a reprimir las revueltas de Petrograd: muchos desertaron por el camino, reivindicando su neutralidad ante aquella lucha. En el interior de Rusia, la expansión de la revolución afecto hasta al propio Zar: el hecho de que el ferrocarril quedase en manos de las fuerzas revolucionarias obligó a su tren a parar en el pueblo Malaya Vishera, ya que habían cortado el camino hasta Tsarskoye Selo, por lo que tuvo que moverse a Pskov.

Mientras tanto, en Petrograd, los nuevos órganos de poder tomaban sus primeras decisiones políticas: por ejemplo, el Soviet de Petrograd firmó la Primera Orden, también llamada Orden Número 1. Esta orden otorgaba importantes derechos a los soldados: la impunidad ante los castigos (físicos y pena de muerte) por haber tomado parte en la revolución de febrero, creación de comités de soldados, igualdad de trato hacia los oficiales y los soldados de menor rango y el mando de la guarnición de Petrograd en el Soviet (y no en la Duma). Esta orden fue decisiva para que se cumpliera el mandato de la Duma de que los soldados debían volver a sus cuarteles; pero de acuerdo con muchos historiadores y políticos conservadores de la época, esta orden acarreo la “disolución de la armada rusa”, haciendo ingobernables la Armada y por ende, el Estado. La Orden Número 1, en teoría sólo afectaba a las tropas de Petrogrado (ya que el Soviet que lo firmó era el de Petrogrado), pero otras unidades también hicieron suyos los derechos establecidos por el acuerdo. El menchevique Nikolai Sokolov fue quien escribió la orden. El ministro de guerra Aleksandr Guchkov no estaba de acuerdo con ella y pidió su abolición, pero sus presiones al respecto fueron en vano.

Por otra parte, el Comité Provisional de la Duma nombró a Lavr Kornilov gobernador militar de Petrogrado, sustituyendo a Sergei Jabalov.

Como menciona Orlando Figes, según una comisión de investigación nombrada posteriormente por el Gobierno Provisional, en Petrogrado hubo 1.443 muertos o heridos. El periodista francés Claude Anet, por su parte, cuenta 1.500 muertos y 6.000 heridos. Richard Pipes también calcula entre 1.300 y 1.450 muertos.

(En la imagen, una manifestación obrera del día 28 de febrero en Moscú).