Conferencia Estatal de Moscú

Conferencia Estatal de Moscú

Announcement Date: 12th agosto 1917

El 12 de agosto, el Gobierno convocó la Conferencia Estatal de Moscú para qie aparecieran los diferentes sectores estatales favorables a su política. Sin embargo, la mayoría de los sectores que acudieron eran favorables al régimen anterior (militares, terratenientes, etc. y burgueses (kadetes, banqueros…)), o los “oficialistas” del Sóviet (favorables al Gobierno). Según Sujanov, “la derecha y la izquierda, la aristocracia y la democracia, aparecieron muy divididos (…) nosotros, los de extrema izquierda, eramos una minoría”. Los bolcheviques no estaba representados, pues no los invitaron (algunos bolcheviques aparecieron pero como representantes sindicales).

Una imagen de las huelgas de Moscú.

Los bolcheviques de Moscú fueron a la huelga general al comienzo de la Conferencia de Moscú: según Stalin, participaron 400.000 moscovitas en aquella huelga. Según Orlando Figes, incluso los tranvías y el personal del palacio donde se iba a producir la Conferencia fueron a la huelga, por lo que los representantes tuvieron que ir a pie y tuvieron que servirse ellos mismos las bebidas en el bar del palacio.

En la práctica, esta conferencia, en el campo de la burguesía, trajo consigo el debilitamiento de Kerensky y el ensalzamiento de Kornilov. El jefe del ejército que designó el propio Kerensky, desde que bajó en la estación de Moscú, lo llevaron en volandas hasta el palacio donde se celebraba la Conferencia entre gritos de “¡salva a Rusia!”. El partido más de derechas de la conferencia presentó un programa para oprimir la revolución y reestablecer el orden. Kerensky, atemorizado, no pudo hacerle frente y se unió a la derecha, prometiendo que reprimiría a los “elementos sublevados (los bolcheviques)”.

Stalin, el mismo 12 de agosto, en el periódico Rabotxi i Soldat llamó al boicot a la conferencia, en el artículo “Contra la Conferencia de Moscú”. En él, decía que “los contrarevolucionarios quieren ganar y reprimir la revolución, pero no teniendo suficiente con ello, además, quieren que el “pueblo”, que la “nación” apruebe esa represión”; y también que “ya saben que en la Asamblea Constituyente (recordar que el Gobierno Provisional retrasó en julio las elecciones a la Asamblea Constituyente) el pueblo ruso no apoyará la política contrarevolucionaria, y por tanto, quieren buscar un “sustituto” para hacerlo”. Stalin tildó de “parlamento contrarrevolucionario” la Conferencia de Moscú. El 13 de agosto, en otro artículo publicado en el periódico Proletari, Stalin denunció que la conferencia se llevase a cabo en Moscú y no en Petrogrado, la capital, porque les convenía más el Moscú “tranquilo” al Petrogrado “podrido” (aún y todo, Stalin subrayó la respuesta que dieron los trabajadores a la huelga). En ese artículo, Stalin denunció que la Conferencia pretendía crear un parlamento sin haber sido elegido.

El primer día habló Kerensky y juró que “reprimiría duramente a los rebeldes” bolcheviques (sin mencionarlos). Los miembros del Gobierno emplearon palabras para tranquilizar a la burguesía: el ministro del interior Avksentiev propuso “comisarios móviles”, el ministro de Hacienda bajar los impuestos a las clases altas, al ministro de Agricultura Chernov ni le dejaron tomar la palabra. Sin embargo, Tsereteli dió muy mala impresión pues quiso presentarse (y la mayoría socialista moderada) a la derecha como “salvador del Estado”, cosa que los representantes de la derecha no se creyeron.

Los principales oradores de la derecha fueron el kadete Pavel Miliukov y el cosaco Alekséi Kaledin. Miliukov, presidente del partido de los kadetes, enumeró los fallos de la “democracia revolucionaria”, por ejemplo la tolerancia hacia el internacionalismo (lo que era casi traición para la derecha), atacando al mismo Chernov, la tolerancia hacia las pequeñas nacionalidades y la “democratización del Ejército” (por tanto, querían borra una ley importante del Sóviet menchevique-eserista, la “Orden Número 1”). Miliukov pidió volver al “Primer Gobierno”, es decir, al gobierno de entre marzo y abril. Kaledin propuso destruir los Sóviets y reivindicar la república (sin Sóviets). Por otro lado, el general Alekseïev (ex jefe del ejército), pidió “restablecer toda la disciplina” para restablecer el Ejército, es decir, destruir el poder de los Sóviets hasta terminar la guerra. La Conferencia aceptó restablecer la pena de muerte.

Así fue recibido Kornilov en la estación de tren de Moscú.

El 14 de agosto, llegó Kornilov entre una obación de los de derechas. El ambiente que se creó dejó claro que prácticamente el péndulo del Estado se había movido a la derecha. El mismo Kerensky presentó a Kornilov como “encarnación de la unión del pueblo ruso”. El general Lavr Kornilov hizo la petición de borrar la “Orden Número 1” y presentó un programa: contrario a los Sóviets, favorable a borrar los derechos de los soldados y favorable a restaurar el orden, porque “si no, el ejército y el Estado están perdidos”. El discurso de Kornilov no fue muy bueno, según Figes “la palabra no era su gran virtud”, pero su voluntad “creo tal emoción en la parte derecha y fue tan aplaudido que dio la oportunidad de cohesionarlos y presentarlos otra vez como fuerza”. Ante esta situación, los representantes del Gobierno (en teoría del Gobierno-coalición entre socialistas y liberales) no supieron defender su posición. Tsereteli, por ejemplo, alabó el “intento” que el Sóviet hizo para crear el Gobierno-coalición y mencionando al Gobierno y los Sóviets preguntó “¿quién defendió el Estado ante la revuelta y la anarquía?”, queriendo dejar el “mérito” en manos del Gobierno (es decir, quiso reivindicar el paper de los Sóviets y el Gobierno Provisional “contra los bolcheviques”). Pero un representante de la derecha contestó que fueron “¡los cosacos y junkers!”. Lo único que supo hacer Tsereteli fue presentar a la burguesía el trabajo que hizo su partido y sus Sóviets: que aceptaron una “ley de excepción” o que “al principio, no sabían luchar contra la anarquía proveniente de la izquierda”.

En el discurso de clausura sin embargo, Kerensky dio una impresión patética según Figes: “dio una imagen patética, como si no estuviese en sus cabales (…), en un momento lo aplaudieron por pena o algo parecido, y no le dejaron acabar el discurso”. Miliukov estuvo de acuerdo “muchos representantes de comarcas agrícolas veían a Kerensky por primera vez y se fueron decepcionados (…), ese hombre que quería “ahogar” el miedo inflando las amenazas lo único que daba era pena”.

El 17 de agosto, Stalin publicó el artículo “Resultados de la Conferencia de Moscú” en la revista  Proletari. En él subrayaba que los kadetes habían salido triunfantes y los mencheviques y eseristas (Tsereteli y Kerensky) tuvieron que proclamar que seguían el programa de los cadetes. Según Stalin, los “kadetes y generales” salieron fortalecidos de la Conferencia de Moscú, y la “democradia revolucionaria” fue la que salió perdiendo porque se había convertido en un “anexo” de los primeros. Trotsky definió esta Conferencia como “la foto de los sueños de la burguesía”, una “foto ideal de la revolución que quisiera la burguesía, sin molestar a los trabajadores”.